Y sucedió que...

Para la sociedad actual, cumplir 30 años es sinónimo de estabilidad, en donde cada persona ya debería de tener resuelto su futuro mediante una familia, una profesión y trabajo de tiempo completo con contrato indefinido.
Los 30 llevan entonces, una carga de responsabilidad y seriedad para quienes tenemos que hacernos cargo de este simbólico número de madurez.
Sin poder despegarme del tono personal al escribir, dejo a vuestra disposición mis escritos (a veces serios, a veces no tanto), en un intento empírico de saber si efectivamente los 30 me hicieron algo más, aparte de cambiar de folio.
Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto. [Babu, julio de 2011].

viernes, noviembre 22, 2013

XXXIV Absolut Normal

Ya casi tres años que estoy aquí, cerca de mi, lejos de donde vine.

Tengo claro de donde son mis hermosas raíces, pero...¿de dónde son mis pies?

No pasan en vano, los días, los momentos y las horas aparte, la memoria se redondea, se acorta y comprime el contenido, dejando salir detalles, como el niño de pantalón rojo, que hoy dudamos si acaso era un niño de pantalón rojo, o verde...o por que no, una niña de vestido azul.

Se mezcla el lenguaje, los sueños empiezan a ser bilingües, el primer pensamiento no es en "VO" (Versión Original), sino la excelente traducción de la lengua adoptada, después, y el más franco síntoma lingüístico es: la adopción de modismos, y porque no, los clichés. Hoy siento que a veces no quedo satisfecha con una frase, sino tiene el agregado francés justo y preciso, que no tiene traducción al castellano, merde!

Después, en la nostalgia de las pequeñas grandes cosas, aparece el listado de las cosas que nos faltan, y peor, te das cuenta que sólo están en Chile: la marraqueta, la hallulla, la colisa...la bilz y la pap, el manjar, el dulce de membrillo, la cordillera (putain, MI cordillera!), el perro callejero amigo que te acompaña de pura buena onda, el heladero, el pisssssco!, mis tabletones irresistibles, las machas, el choclo, la cebolla en escabeche, el vendedor que se la juega por el cliente, el respeto mínimo entre sí, el paco de año nuevo ese con el que te sacai la foto de tu vida, los fuegos artificialesssss (Ooohh...*crush*), la papaya, el queso fresco, el sol en invierno, el calor de las calles en verano, las empanadas del Bellavista, la limpieza personal de la gente (aunque el gusto de vestimenta sea de mezclas de colores, formas, rellenos y texturas, un pantalón de lino, va perfecto con una chaqueta de cuero roja, y la bufanda verde de puntitos morados...chic! Jajajajaja), ¿que más?...el Cajón del Maipo, la placa de cuarzo (jajajajaja), salir con el pelo mojado en las mañanas, caminar de noche al borde del mar, caminar de noche al borde del Mapocho, los teléfonos públicos con monedas, el completo, los diferentes sonidos ambiente, otra vez el sol, el choripan, el camino polvoriento que está a medio pavimentar, el olor a sopaillas fritas en invierno (que en verano es olor a mote con huesillos),  y bueno, la lista seguiría siendo infinita, porque no nos damos cuenta hasta que nos faltan en la vida y el vacío de los detalles ausentes se convierte en una foto despixelada.

Nota: tenga en cuenta que ninguno de estos detalles es válido por sí mismo, sino que el vivirlos junto a tu gente los hace justamente vivos. Es decir, no echas de menos los objetos, echas de menos compartirlos!

Entonces, la verdadera nostalgia te cae de un golpe, al darte cuenta que no son los detalles los que te faltan, sino que eres tú quien falta en estos detalles, porque en la retina de mis cosas hermosas, de mis paisajes, se van adoptando sonidos nuevos, un mar blanco, un cielo escasamente asoleado, nadar junto a peces tranquilamente y no rodar ante la violencia de nuestro tranquilo mar, se me llenan de castillos, de siglos, de sentimientos también de ajenidad, y de confirmar como la Violeta, que uno realmente sabe lo que es ser chilena cuando ya no está en su Chile.

Me pierdo de vidas, de momento, y gano otros...mi corazón inevitablemente ya esta dividido para siempre, pero prefiero decir que esta multiplicado, porque más que mal, lo mejor de todo, es tener un corazón, que cada vez late con menos rencor, que acepta nuestra idiosincracia retráctil y chaquetera, pero sobretodo amo lo nativo que aún tenemos, ya acepté que la adultez nos obliga a algunas mujeres a usar tacos en vez de sandalias, y algunos hombres corbatas en vez de la polera con hoyos, y que en más de una ocasión nos hagamos los pituquitos catando vinos y comiendo sushi, pero el bistec a lo pobre lo babeamos, y siempre queremos hundir el pedacito de marraqueta en la yema del huevo. Es un ejemplo, no sea grave, se que no va a faltar el que me diga "a mi no me gusta el huevo", simple como un anillo...con todos estos reclamos y nostalgias, Chile... Te extraño.