Y sucedió que...

Para la sociedad actual, cumplir 30 años es sinónimo de estabilidad, en donde cada persona ya debería de tener resuelto su futuro mediante una familia, una profesión y trabajo de tiempo completo con contrato indefinido.
Los 30 llevan entonces, una carga de responsabilidad y seriedad para quienes tenemos que hacernos cargo de este simbólico número de madurez.
Sin poder despegarme del tono personal al escribir, dejo a vuestra disposición mis escritos (a veces serios, a veces no tanto), en un intento empírico de saber si efectivamente los 30 me hicieron algo más, aparte de cambiar de folio.
Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto. [Babu, julio de 2011].

viernes, mayo 31, 2013

XXXIII - Absolut todo calza pollo (por qué no soy feminista).


Al entrar al colegio descubrí dos cosas: que me gusta usar pantalones más que falda, y que mi profesora en jefe me movía el piso. Aun percibiendo desde ya mi sexualidad, una de las primeras cosas que hice, fue ponerme de novia con mi compañero de asiento. Nuestro pololeo consistía en entrelazar nuestras manos bajo la mesa cuando nadie nos miraba, así fueron mis inicios por el borde del erotismo.

Con los ojos inocentes de un niño de aquella edad, analizaba este nuevo mundo y ataba cabos, los chicos podían jugar al futbol, a los aviones de papel, las bolitas, mientras las chicas, jugabamos a no sé que cosas fomes...o conversar y decir que chico era el que nos gustaba.

En la pubertad, a hombres y mujeres nos suceden los cambios peludos y olorosos que definirán el destino de muchos. 

Los pelos. Malditos pelos!...En qué estaban pensando mis celulas cuando se organizaron tan peludamente y con tal exageración?! Mientras ellos lucen orgullosamente las pelusas de sus piernas hasta el fin de sus días, nosotras comenzamos el sufrimiento y negación de algo que es tan natural, por la cresta!...y por si fuera poco, no se conformaron con salir en las piernas, sino también en las axilas, las cejas y los bigotes. 

Filo con los pelos.

Volvamos al cole, invierno. Hombres: pantalón. Si les da frío, calzoncillo largo bajo el pantalón. Grosas parkas, gorros, etc., mujeres: POMPAS jajajaja, no, nosotras...panties no más poh, si el jumper o falda es para las niñitas y es obligación llevarlo. Así, en un régimen autoritario y machista, aprendí a ponerme tres capas de panties sin morir en el intento. Ir al baño, usted comprenderá, era apoteósico.

Belleza. 

Cuántas veces no he querido comprarme una polera, short, zapatilla o pantalón de hombre, simplemente porque encuentro que los diseñadores ponen todo su empeño en hacer la ropa masculina lo más cool y confortable posible, nada de escote ni apretaduras, ni encaje. Si a tu mino lo ves vestido así, o es cola o es bailarín de chachacha....o ambas cosas.

Y ahí andai tú, mujer pecaminosa, con las patas hechas pebre de tanto taco usar, con cuidao que no se te escape una lola al moverte, y el string bien encajado, para que no se note la costura del churrín en el vestido o pantalón apretado que llevas. Voilà, mercancía a la vista y acorde a las exigencias de los cánones de belleza que curiosamente imponen varones, y acatamos mujeres. 

Nota: los tacones no se hicieron para verse más altas. Fíjese que una mujer al probarse un par de zapatos de tacón siempre necesitará un espejo grande que refleje el cuerpo entero, y su vista y aprobación se centrará en lo bien que se le ve el pompis.

Lo anterior corresponde à la enorme desigualdad a la que está esclavizada la mujer desde pequeña, obvio que gran parte de esta reseña, muchas las viven con gusto, otras con conformidad y algunas, bueno, peludamente hippies, jajajaja. De todos modos, si bien es molesto, no es tan grave, asumo lo hermosas que nos vemos, aun cuando la belleza es algo tan variable y enjuiciado por la moda.

Lo que si me encabrona, es darme cuenta de la realidad femenina, de lo baja casta que nos tienen considerada, más allá del concepto mujer=mamá=haz todo en casa y felíz=tu no te cansas=tu no te enfermas, es la verdad descarada de tener el mismo nivel académico, con menor remuneración, ser penalizada al máximo por una mala maniobra en la ruta, o un abuso, o simplemente ser escuchada con respeto. Me doy cuenta de que no han pasado ni dos siglos de los veintitantos de la historia humana, desde que pudimos votar. Científicas, escritoras, ensayistas, mujeres, han sido acalladas por el fálico pensamiento masculino, bajo el amparo de la fuerza física, nada más, porque en cuanto a capacidades intelectuales, hay bobos de ambos sexos.

No creo en el feminismo, porque este nació de la costilla del machismo, creo en el respeto, en la lógica, en el sentido común, creo en el amor y en la certeza de mis sensaciones. Para mí, nacida mujer, no me parecía ni imposible ni extraño poder destacarme en algo que no requiriese la poderosa destreza musculativa testoreidal, ya que, estructural y facultativamente hablando, no hay diferencia mental que nos haga superiores, nos hace complementos, ya sea: hombre lógico + mujer intuitiva, u hombre sensible + mujer práctica, o mujer enojona + mujer estóica, hombre callado + hombre sociable, todos ejemplos al derecho y viceversa. No hay facultad cerebral exclusiva de un sexo, salvo la certeza machista de saberse superiores, flaco, sí, tu me vas a dar un golpe de seguro me aturde, por muy escualido que seas, pero eso no quita ni cambia mi inteligencia, puedes cambiar mi actuar, pero no mi pensar. Es un hecho la fuerza física, indiscutible, premiable, etc. Y eso qué?.



martes, mayo 28, 2013

XXXII - Absolut empírico.

Hace unos cuantos años, estando de visita en la casa de mis padres, salí al patio trasero de la casa para ver que hacían, concentrados y silenciosos, mi hermano menor y mi sobrino, que son practicamente de la mismo edad. Para ese entonces tenían  siete y seís años, respectivamente.

Sin espantarme ni espantarlos, me acerqué, ya que para mi sorpresa, estaban afanados en reventar con una piedra, un montón de chanchitos de tierra - o como se llamen los insectos típicos de la humedad que al tocarlos se convierten en bolita - y que habían previamente recolectado y puesto en un tarro vacío. Por lo que ví, ya eran más menos veinte los desafortunados, y seguían más!

- Qué hacen chicos?, pregunté lo más natural posible. Lucas, mi hermano, me miró con sus ojos negros y chispeantes de inocencia, y me dijo:

- Estamos comprobando una investigación, Babu.

- Y cuál sería?, continué

- Fácil, que los chanchitos de tierra no tienen la sangre de color rojo...!

- De hecho - agregó mi sobrino, Dante - es de color verde claro. Mira!

*cruch*

- Viste?

- Ouh...sí, veo...


Y por mucho que haya pensado en las miles de familias de todos aquellos chanchitos de tierra, no tuve motivo alguno para detenerlos, salvo la indicación de no hacer la misma experiencia con arañas, en vista de lo peligrosas que son.

Que viva la ciencia, que viva la poesía!

                                                                     Chanchitos de tierra, de sangre verde claro.