Y sucedió que...

Para la sociedad actual, cumplir 30 años es sinónimo de estabilidad, en donde cada persona ya debería de tener resuelto su futuro mediante una familia, una profesión y trabajo de tiempo completo con contrato indefinido.
Los 30 llevan entonces, una carga de responsabilidad y seriedad para quienes tenemos que hacernos cargo de este simbólico número de madurez.
Sin poder despegarme del tono personal al escribir, dejo a vuestra disposición mis escritos (a veces serios, a veces no tanto), en un intento empírico de saber si efectivamente los 30 me hicieron algo más, aparte de cambiar de folio.
Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto. [Babu, julio de 2011].

jueves, mayo 31, 2012

XXVI - Absolut Naïv

Cuando tenía cinco años, visité junto a mis padres a una familia amiga en donde el hijo era un niño muy simpático y un par de años mayor que yo.
Mientras los adultos conversaban, nos pusimos a jugar a diferentes cosas, a los autitos, las laminas de albumes, etc., depronto mi atención se posó sobre sus zapatillas, las cuales tenían la parte lateral exterior que podía levantarse. Curiosa, le pregunté a mi amigo a que se debía, y el con orgullo me explicó que sus zapatillas eran voladoras y que esas eran las alas que le correspondían.
Durante años quise y pedí las famosas zapatillas con alas, quería correr rápido, o volar...lo que fuera con tal de tener las mismas zapatillas, pues bien nunca las tuve, las zapatillas con alas -creo- aun no existen, ya que de mayor me he dado cuenta que ese niño, mi amigo de niñez, vivía con ingenio la pobreza, puesto que en realidad sus zapatillas estaban rotas, por eso se abrían al costado, pero la inocencia lo salvó con toda la magia de esta, pudiendo caminar, correr y volar, sin importar como.


PS/ Quisiera tener certeza del nombre de mi amigo, pero los años se llevaron ese detalle.